Me explota la cabeza, se me parte el corazón, me ahogo en mis propias lágrimas. Hago todo lo que no debería, hablo con quienes jamás debería haber vuelto a hablar. Es como romper una dieta comiéndote quince milanesas, dos tortas enteras y un poco de helado de chocolate. Te hace sentir bien en el momento, pero a los dos días ya nada basta y te odias por lo que comiste, o peor, comés aún más.
Así estamos, vamos y venimos. Creamos mil situaciones posibles en la cabeza. Las conversaciones se repiten, cambian un poco, se ajustan pero siguen sin ser reales.
Ya no se como actuar y detesto esperar. Duele tanto, duele como hace mucho no dolía. La decepción rompe más que la bronca y la tristesa pone un velo gris a cualquier actividad que quieras emprender.
No hay comentarios:
Publicar un comentario