Pensar, pensar y pensar... A veces tengo esos días donde pienso mucho y no llego a ninguna conclusión.
Tengo muchos planes para mi vida y siento que cada vez tengo menos tiempo, intento organizarme pero en mi naturaleza desordenada no van los planes, no congenian. Quiero hacer cosas, pero no tengo ganas. Pienso y digo "Daiana ponete las pilas con algo" pero juro no puedo.
Tengo tarea de fotografía, que leer dos capítulos (porque seguro nos va a mandar a leer la unidad 2 y yo ni la uno lei) de historia, ponerme las pilas con voley, acomodar mi habitación, terminar de arreglar unas remeras, leer unos libros, estudiar para inglés (Y si, el lunes vuelvo a inglés). Podría hacer todo eso sin embargo prefiero dormir, entonces ahí es donde me replanteo y pienso: ¿Qué carajo me pasa que no puedo hacer las cosas? Siempre fui una mina emprendedora, pero desde hace casi un año dejé de serlo, tiré todo por la borda para dedicarme a llorar y a lamentar todo aquello que no fue, o que no es. Se que está mal e intento cambiarlo pero no puedo, algo me ata más allá de todo y no logro ver que es, sigo pensando y no encuentro el punto.
Ya no se si es algo normal, un período de vagancia que todos sufren o si realmente es algo preocupante. No quiero salir, si salgo es para sacar fotos y poder vestirme con ropa linda, pero si mis amigas me dicen de salir a la tarde no salgo, me quedo dormida o me enfermo (Si, el año que más me enfermé, me levanta fiebre, el dolor de cabeza se potencia, me mareo o mi estómago no me da tregua)
Son la una y media de la mañana y mientras yo debería estar durmiendo me siento en la computadora a escribir algo, un descargo, un planteo lleno de dudas, pero a escribir porque es donde puedo desagotar mi mente para dormir tranquila.
Gracias a la vida que puedo escribir, porque si todo se queda en mi mente, claramente, exploto.
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